Los subgéneros en la ciencia ficción

Con este artículo más “Académico” y no tan “reflexivo” intentaré, según mi opinión personal, enumerar los diferentes subgéneros que podemos encontrar dentro de la ciencia ficción y de esta manera, tener una guía de lo que nos podemos encontrar en cada subgénero.
La ciencia ficción nos ofrece un abanico enorme de temáticas. Dentro de estas, podemos encontrar tanto argumentos como temáticas constantes que siguen una pauta concreta. Estas constantes las podemos organizar en subgéneros ya que ellas mismas engloban todo lo necesario para autodefinirse. A continuación, haré una enumeración de las que considero las principales dentro de la ciencia ficción.

SPACE OPERA

Wilson Tucker un aficionado y autor de ciencia ficción fue el que, por primera vez, en 1941, propuso el término Space Opera para identificar los textos de ciencia ficción de aventuras que tienen como escenario el espacio interestelar. El término deriva claramente del utilizado en seriales radiofónicos para patrocinar conocidas marcas de detergentes, a estas falcas radiofónicas se les llamaba de forma peyorativa, Space Opera. Con esta relación Wilson quería remarcar la ingenuidad literaria de las primeras obras de ciencia ficción en sus primeros años y calificarlas de panfleto literario. En nuestro país siempre se ha utilizado el término inglés “Space Opera” y nunca se ha traducido a “Ópera Espacial” (Por suerte).
Evidentemente, la Space Opera tiene una relación muy estrecha con las novelas de aventuras del oeste donde el forajido y su caballo son en este contexto el héroe y su nave espacial. Todo forajido tiene su revólver como todo héroe galáctico tiene su arma láser, así como el forajido cabalga por las enormes llanuras del oeste Norte Americano la nave espacial viaja por todo el espacio interestelar.
Actualmente el término Space Opera se utiliza para toda novela que de aventuras espaciales y aunque aún arrastre un poco el estigma de panfleto, cada vez, este estigma es más pequeño debido a las Space Operas de calidad que se han publicado. Ya no solo se relaciona con la típica aventura espacial con su héroe blanco y su malo muy malo negro, sino que también podemos encontrar héroes y males grises con mucha carga filosófica y toma de decisiones nada fáciles.
Haciendo un repaso a los grandes autores de este género encontramos, a autores clásicos como E. E. Smith y su serie Skylark que se inicia con la novela The Skylark of Space (1928) y que continúa hasta los años sesenta. Pero los primeros impulsores de este subgénero fueron Edward Hamilton, John W. Campbel y Jack Williamson en los años treinta, cuarenta. En esta época fue cuando se dejó de lado la ingenuidad en las tramas y se incorporó una mejor calidad y complejidad tanto en la escritura como en el argumento. Uno de los autores que mejor ejemplifica esta complejidad es A. E. van Vogt con su saga de El mundo de los no-A (1945) otro autor a tener en cuenta y uno de los grandes de la ciencia ficción que ayuda mucho a hacer crecer este subgénero es Robert A. Heinlein con Tropas del espacio (1959). A nivel de saga, la saga Dorsai (iniciada en 1959) de Gordon Dickson.

 

LA FANTASÍA

Podemos decir que la literatura fantástica forma parte de la ciencia ficción. Hay veces que a la ciencia ficción le falta una de los aspectos que más la caracteriza, el aspecto científico para justificar de una forma racional la especulación que se ha descrito en el universo creado en la narración. Si nos encontramos delante de una obra de este tipo la podemos calificar de “Fantasía” y de esta manera la distinguimos de las pretensiones científicas-explicativas que contiene una novela de ciencia ficción.
En toda obra de fantasía podemos encontrar un punto en común que sobresale por encima de los demás, este punto en común es, la vertiente fantástica de sus personajes y sociedades que se describen en ellas. Algunos de los ejemplos más famosos son La trilogía de El Señor de la Anillos (1954-55) escrita por J.R. Tolkien o la enorme serie Darkover (Iniciada el año 1962) por Marion Zimmer Bradley. También me gustaría destacar una de mis autoras favoritas Ursula K. Le Guin y su tetralogía Terramar. Estos tres ejemplos son conocidos por todo fan de la ciencia ficción y yo los colocaría como los primeros que sentaron las bases de la fantasía de cualidad.
En los primeros años de su existencia este tipo de fantasía quedaría englobada dentro del marco de la ciencia ficción incluso muchos de los premios de ciencia ficción otorgados en esa época, fueron para obras fantásticas. Actualmente la Fantasía es considerado en un género en sí mismo apartado de la ciencia ficción debido al gran número de títulos publicados. Gran parte de estas publicaciones son promocionadas como “género fantástico” por los propios editores ya que estos, parten de la premisa que la fantasía resulta más fácil de leer en comparación con la ciencia ficción más especulativa y ávida de explorar nuevas fronteras (Reflexión que no comparto).
También tengo que destacar que, cada vez más el mercado, distingue más entre ciencia ficción y fantasía. Publicando colecciones especializadas de ambos géneros.

 

NOVELAS DE ESPADA Y BRUJERÍA

Conan la novela que escribió entre 1933 y 1936 Robert E. Howard es la serie por excelencia de este subgénero, anterior a Tolkien y Le Guin. Novelas llenas de aventuras muy violentas. En un primer momento, se denominó a este subgénero como Science Fantasy, aunque pronto de manera muy acertada se sustituyó por Heroic Fantasy. El cambio de nombre se debe, o al menos eso es lo que podemos deducir, a una clara maniobra para eliminar toda referencia a la ciencia en el nombre, inexistente en este tipo de novelas. El nombre Sword and Sorcery fue utilizado por primera vez por Fritz Leiber en 1960.
La estructura básica de las novelas Fantasía Heroica está muy marcada y hay unos estereotipos que casi todas las novelas siguen. Brutalidad en la ambición heroica de los protagonistas, estos viven aventuras en mundo con una clara estructura social del tipo feudal con mucha similitud con el mundo medieval de nuestra historia. Muchas de las veces se utiliza el recurso de la espada y la brujería para resolver los conflictos descritos en estos mundos.
Es muy probable que este tipo de fantasía se vincule con la ciencia ficción debido a que en las primeras revistas Pulp (Conocidas por su escasa calidad) publicadas en los años veinte también podíamos encontrar relatos de fantasía heroica.
No podemos citar este tipo de novelas sin expresar el descarado sexismo e incluso las evidentes tendencias fascistas de series como Gor iniciada en 1966 por John Norman (En realidad seudónimo de John F. Langer Jr., escritor norteamericano, doctor en filosofía y profesor del Queens College, de la Universidad de Nueva York). Debido a esto Normand Spinrad ridiculizó con la obra El sueño de hierro de 1972 esta vertiente. Spinrad nos presenta una novela violenta de fantasía heroica presuntamente escrita por Adolf Hitler y titulada The Lord of the Swastika (El señor de la esvástica), ¡Tama ya!
En los últimos años y gracias a la incursión de grandes escritoras tanto en la ciencia ficción como en la fantasía nos han hecho disfrutar de novelas protagonizadas por mujeres. En general, mucho más centradas en el desarrollo psicológico y la sensibilidad de las emociones de los personajes principales. Esta nueva perspectiva otorga, bajo mi punto de vista, un interés muy superior a las novelas del bárbaro Conan.

LA CIENCIA FICCIÓN “HARD”

Existe un tipo de ciencia ficción que utiliza los temas más estrictamente tecnológicos y científicos. Los autores hacen referencia directamente al mundo de la ciencia y sus especulaciones científicas totalmente fundamentadas, si la novela en cuestión acuna todas estas características, podemos decir que se trata de ciencia ficción hard o dura.
En la mayor parte de estas novelas encontramos especulaciones de todas las materias que engloba esta. Podemos citar algunas, las más comunes, la física, la química, la biología y últimamente, la informática.
Uno de los primeros y grandes exponentes de la ciencia ficción hard es, Hal Clement, graduado en Harvard en astronomía, química y ciencia de la educación y profesor de ciencias en una escuela de secundaria. El autor se especializó incluso en la elaboración de los aspectos prácticos (rigurosamente exactos) de nuevos planetas y las condiciones de vidas que había en ellos, aunque su especulación no terminó aquí, sino que también ayudó a la verosimilitud científica de planetas imaginarios de otros autores. En definitiva, que no podemos hablar de ciencia ficción hard sin mencionar a Hal Clement. Una de sus obras más características es dentro del subgénero de la ciencia ficción hard es Misión de gravedad (1953), en esta novela nos expone un planeta sometido a un coeficiente de fuerza de la gravedad que va de 3 a 700 g terrestres, desde el ecuador hasta los polos.
Cabe destacar otros autores como Bob Shaw que, sin la ayuda de Clement, nos presenta dos planetas muy próximos que comparten atmósfera, donde sus habitantes pueden viajar de un planeta al otro en globo aerostático. Esto es posible gracias que el autor, al principio de la novela, nos sitúa en un universo diferente al nuestro, con unas leyes físicas totalmente diferentes, por ejemplo, el número PI vale exactamente 3. El libro en cuestión es Los astronautas harapientos (1986).
Otra de las obras más influyentes, aunque posterior, es sin lugar a dudas Huevo de Dragón (1980) de Robert L. Howard, doctor en física por la Universidad de Maryland. Nos relata las condiciones de vida en una estrella de neutrones en la que, además de la descomunal fuerza de gravedad, existe la presencia de un fuerte campo electromagnético.
Hoy en día podemos encontrar grandes autores de ciencia ficción hard, autores que gracias a su sólida formación científica retoman las especulaciones científicas de los autores mencionados anteriormente, aunque con un tratamiento literario bastante más maduro y completo. Autores como Gregory Benford, David Brin, Vernor Vinge, Charles Sheffield, Michael Flynn por citar a algunos de ellos. Algunas novelas destacadas son Cronopaisaje (1980) o Cosmo (2002) de Gregory Benford o Twistor (1989) de John Cramer ambos profesores de física.

 

LA CIENCIA FICCIÓN “SOFT”

En el lado opuesto de la ciencia ficción hard encontramos la ciencia ficción soft, igualmente centrada en la ciencia y la tecnología. Aparece años setenta cuando algunos autores incorporan en sus relatos un mayor interés por la ciencia sociales, antropología, sociología o la psicología. Podemos decir que la ciencia ficción soft no es lado opuesto de la ciencia ficción hard, sino que complementa esta última (una opinión personal).
Dos de los grandes exponentes de este subgénero, entre otros, podrían ser Frederik Pohl o Cyril M. Kornbluth con su novela Mercaderes del espacio (1953), donde se trata el tema más “social”, efectos del capitalismo y el gran poder de la publicidad.
En estas novelas se puede ver una especial atención en los aspectos narrativos tradicionales: trama, estructura, estilo, caracterización psicológica de los personajes, etc. …
Hoy día las especulaciones de la ciencia ficción cubren no tal solo los aspectos tecnocientíficos sino también los humanísticos.

EL CIBERPUNK

Este subgénero cuenta con un nombre en mayúsculas William Gibson, creador del Ciberpunk y su novela Neuromante (1984). El nombre ciberpunk fue inventado por los editores norteamericanos (No queda claro si Gardner Dozois o Ellen Datlow). El crítico y comentarista Normand Spinrad sugirió el nombre “neurománticos” deriva de la novela citada antes.
Después de la explosión del subgénero algunos de los más emblemáticos autores del “movimiento” como Bruce Sterling, John Shirley, Lewis Shiner o el propio Gibson, se negaban a ser miembros de él.
La estructura general del Ciberpunk nos muestra una sociedad deshumanizada en un futuro próximo (finales del siglo XXI) en el que la informática y la tecnología cibernética está en todas partes y en la gran mayoría resultan abrumadoras. Muchas de las novelas contienen elementos punk y tienen unas tramas al más puro estilo hard-boiled (novelas policiacas de acción y sexo) que a una trama tradicional de ciencia ficción. Los personajes generalmente siguen un estereotipo muy marcado, pertenecientes a los bajos fondos de la sociedad de las mega corporaciones y mega industrias del futuro, con implantes cerebrales que les permiten conectarse a las redes tanto de ordenadores como virtuales. Normalmente todas las referencias a la informática son meras palabras sin una base científica que las respalde, muchos de los autores han admitido no tener ni idea de informática e incluso han mostrado desinterés por ella, aunque no por ello tenemos que despreciar las aportaciones que ha hecho este subgénero.
Una de las frases que mejor define esta corriente es la que en día pronunció Steve Palmer “El ciberpunk ha proporcionado un excelente ejemplo de idolatría de la máquina, tipificada en este caso en el ordenador”.
Recientemente ha surgido a una nueva corriente a la que algunos llaman “postciberpunk” mucho más seria, ya que los autores aportan una visión mucho más seria de la informática debido a que son unos grandes conocedores de la misma. Destacar Criptonomicón (1999) de Neal Stephenson o también la magistral Ciudad Permutación (1994) de Greg Egan.

EL FUTURO INMEDIATO

Debido al continuo cambio en la tecnociencia ha hecho que algunos autores de ciencia ficción sean muy prudentes al escribir novelas en futuros muy lejanos. No es fácil imaginar un mundo dentro de mil años, ya que es muy probable que el desarrollo tecnocientíficos lo logre o pueda convertirlo en ridículo mucho antes.
Muchas de las nuevas especulaciones de la ciencia ficción moderna se basan en un futuro inmediato (near future). Normalmente planteado como un thriller tecnológico con grandes dosis de biotecnología descubierta recientemente como puede ser la infotecnología o la nanotecnología.
Se moderniza el contenido tecnocientífico y se acercan en el tiempo las conclusiones y repercusiones humanas y sociales. Un claro ejemplo es la novela La Radio de Darwin (1999) de Greg Bear, así como gran parte de la obra del autor.
Podemos decir que igual que nuestros padres y nuestros abuelos nunca imaginaron los inventos tecnocientíficos de la actualidad podemos afirmar que la tecnociencia no será igual en el futuro.
Gracias a que estas novelas están centradas en tecnologías actuales y sobre resultados que seguramente pronto alcanzaremos, aumenta el papel de la ciencia ficción como herramienta de aprendizaje para vivir en el futuro. Fenómenos como la clonación o máquinas con inteligencia sobrehumana, hitos ya alcanzados en la actualidad nos acercan a imaginarios que hace unos años eran solo especulaciones de la ciencia ficción.

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